Graciela y Roberto se conocieron en los años 50, cuando él apenas empezaba su carrera como creativo publicitario. Ella era joven, reservada, pero con una energía firme que contrastaba con el estilo tímido del futuro comediante. Se casaron en el año 1968, justo cuando su carrera comenzaba a despegar. Mientras él escribía libretos y creaba personajes, ella se encargaba del hogar y de criar a sus hijos.
Pocas personas saben que Graciela fue parte esencial del nacimiento de algunos de los personajes más icónicos de la televisión latinoamericana. Según testimonios familiares, incluso llegó a confeccionar el primer traje del Chapulín Colorado con sus propias manos.