Con la llegada del éxito vinieron también los viajes, las giras internacionales y una carga de trabajo que desgastó la relación. Durante las grabaciones y presentaciones de El Chavo del 8, Florinda Meza se convirtió en una figura constante. Lo que comenzó como una relación profesional, con el tiempo se transformó en algo más íntimo.
En diversas entrevistas, la propia Florinda ha contado que su historia con Chespirito no fue sencilla: él aún estaba casado, y ella también tenía una relación. Sin embargo, el vínculo entre ambos fue creciendo hasta hacerse inevitable.
En 1989, después de años de distancia emocional, Roberto y Graciela se separaron oficialmente. Él se quedó con Florinda, y Graciela, con sus hijos, siguió adelante sin cámaras ni entrevistas, optando por una vida alejada de los medios. Nunca habló públicamente de la ruptura ni buscó protagonismo. Su dignidad silenciosa contrastó con el torbellino mediático que rodeaba al creador de Chespirito.