Hablar de este tema duelo, pero también ayuda a comprender. Cuando un hijo no valora a su madre, rara vez se trata de maldad pura. En la mayoría de los casos hay dinámicas emocionales invisibles, aprendizajes tempranos y heridas no resultados que influyen en esa conducta. Entenderlas no justifica el daño, pero permite poner límites y sanar.
La presencia constante se vuelve “invisible”
Desde la psicología se conoce como habituación emocional.
Cuando una madre siempre está, siempre cuida y siempre resuelve, el hijo puede dar por sentado su presencia. No es ingratitud consciente: es que lo permanente deja de percibirse como valioso.
Lo que nunca falta, rara vez se agradece.
En la adultez, algunos hijos proyectan en su madre:
fracasos,
inseguridades,
decisiones propias que no funcionaron.
Es más fácil culpar a quien estuvo siempre que asumir responsabilidad personal.
Ezoic
Influencia de terceros
Parejas, amistades o incluso discursos culturales pueden sembrar ideas como:
“tu madre controla demasiado”,
“te manipuló”,
“te debe más”.
Cuando el hijo no tiene un yo emocional sólido, absorbe esas narrativas y se distancia sin analizar.