Una propuesta inesperada
Alicia estaba limpiando una cinta cuando él se acercó.
—Oye.
Ella levantó la mirada.
—¿Trabajas aquí todas las noches?
—Sí.
—Tengo una propuesta.
Martín explicó que al día siguiente tendría una cena importante con socios franceses. Necesitaba que alguien fingiera ser su prometida durante unas horas. Era una cuestión de imagen.
Le ofreció una suma de dinero muy alta.
Alicia escuchó sin alterarse.
Luego hizo una pregunta inesperada:
—¿De qué región de Francia son?
Martín frunció el ceño.
—De Lyon. Familia Dupret.
Ella asintió.
—Está bien. Iré.
No preguntó por el dinero. No negoció. No dudó.
Eso fue lo primero que desconcertó a Martín.
Un pasado que no había desaparecido
Camino a casa, Alicia pensó en ese apellido: Dupret.
No era casualidad.
Años atrás, en otra vida, había escuchado ese nombre en reuniones internacionales. Había estudiado relaciones internacionales, vivido en Europa y acompañado a su padre a encuentros de alto nivel.
Hablaba varios idiomas.
Sabía moverse en ese mundo.
Pero todo eso había quedado atrás tras la muerte de sus padres y una crisis económica que la obligó a empezar desde cero.
El gimnasio no era su lugar.
Era solo una pausa.
Y quizás, esa cena, era el final de esa pausa.
El regreso de quien siempre fue
Al día siguiente, Alicia fue al salón que Martín había reservado.
No eligió un look llamativo.
Eligió elegancia.
Un vestido sobrio, peinado natural, maquillaje discreto. Nada exagerado. Todo medido.
Cuando se miró al espejo, no vio a alguien distinto.
Se vio a sí misma… como antes.
La noche que lo cambió todo
A las 7:38, Alicia entró al restaurante.
Martín la vio… y se quedó inmóvil.
No era la mujer del gimnasio.
Era alguien completamente diferente.
Serena. Segura. Impecable.
Cuando llegaron los franceses, todo cambió.
Alicia los saludó en francés perfecto.
Jean-Pierre Dupret se sorprendió. Luego sonrió con auténtico entusiasmo.
En pocos minutos, la conversación giraba alrededor de Alicia.
Hablaban de Lyon. De barrios específicos. De cultura. De detalles que no se improvisan.
Christophe, el hijo, dejó de ser distante.
Jean-Pierre se sintió cómodo.
Y Martín… observaba en silencio, intentando entender qué había pasado.
Mucho más que una presencia
Durante la cena, Alicia no buscó protagonismo.